martes, 12 de enero de 2010

La Eventualidad Permanente






Con frecuencia oigo hablar de la desaparición de la cultura del trabajo. Entonces pienso en los componentes de esa cultura declarada en extinción y recuerdo a mi padre acostándose temprano porque mañana –decía– hay que laburar. Hoy, muchos dan vueltas en la cama sin conciliar el sueño porque no saben si mañana tendrán trabajo. Entre ellos, los llamados trabajadores eventuales que viven con la angustia de perder el empleo en cualquier momento, sin preaviso ni indemnización.

Para la Federación Argentina de Empresas de Trabajo Temporario (Faett), en 2008 hubo 96 mil eventuales. Aunque en ámbitos gremiales aseguran que son muchos más, la cifra difundida por la entidad empresaria implica que 17 de cada mil empleados en la órbita privada están bajo este régimen que la Ley de Contrato de Trabajo considera excepcional y que la Ley Nacional de Empleo y sus normas complementarias recogen como tal.
Legalmente, el eventual es un trabajador reclutado por empresas de servicios eventuales que lo pondrán a disposición de empresas usuarias para cumplir tareas extraordinarias previamente determinadas o las que deriven de exigencias también extraordinarias y transitorias.
Sin embargo, desde que se barrieron los llamados contratos basura, esta modalidad sirvió a las usuarias para cubrir puestos de trabajo permanentes con personal eventual, eludir los compromisos que devienen del contrato de trabajo por tiempo indeterminado y, de paso, dividir al colectivo laboral generando intereses diferenciados entre permanentes y eventuales. Por ello, en 2006, el Poder Ejecutivo emitió el Decreto 1694 destinado a evitar el uso abusivo o fraudulento de la eventualidad laboral.
Entre otros aspectos, la norma enumera taxativamente las circunstancias en las que puede apelarse a personal eventual; establece mecanismos para fijar el porcentaje de eventuales que cada usuaria podría contratar y la duración máxima de los contratos, y obliga a las empresas de servicios eventuales a informar bimestralmente al Ministerio de Trabajo el nombre de la usuaria en la que se desempeña cada trabajador y el tiempo que lleva en ella. Además, dispone que un Observatorio de Buenas Prácticas controlará que las usuarias no incurran en fraude laboral.


Hasta aquí, todo bien. El problema es que, luego de tres años de vigencia, las disposiciones del Decreto 1694 no se cumplen totalmente. En consecuencia, tanto las empresas de servicios eventuales como sus usuarias siguen ocultando con la máscara de la eventualidad muchas relaciones laborales por tiempo indeterminado.


Así surge de las cifras que difunde la propia Faett. Según ellas, en 2008, 96.366 eventuales trabajaron 160.845.118 horas. Esto significa que, en promedio, cada uno cumplió con 209 jornadas de 8 horas. Muchos de ellos, nos consta, lo hicieron en la misma usuaria; con lo cual la extensión de sus contratos excedería la razonabilidad de cualquier circunstancia extraordinaria y transitoria que se pretendiera argumentar.
Un caso testigo es el de la metalúrgica Tenaris Siat perteneciente al grupo Techint (léase, Paolo Rocca), que cuenta con 25 trabajadores provistos por la empresa de servicios eventuales Le Suivant desde hace –al menos– tres años, con la excusa de atender exigencias extraordinarias del mercado.
Si ésa fuese la verdadera razón, Siat y Le Suivant deberían ajustarse a lo dispuesto por el artículo 72 de la Ley Nacional de Empleo, según el cual, ante tales exigencias de mercado, el contrato eventual no podrá exceder los 6 meses por año ni superar 1 año por trienio. Caso contrario, la ley manda que el eventual pase a ser permanente.


El Ministerio de Trabajo tiene las herramientas legales para impedir el uso abusivo y fraudulento de la contratación eventual. Si lo hace, decenas de miles de eventuales se transformarán en permanentes y cada noche podrán acostarse temprano y dormir tranquilos como lo hacía mi padre. De paso, la cartera laboral recuperaría parte de la necesaria cultura del trabajo.
Jorge rivas, Diputado nacional, dirigente socialista y ex vicejefe de Gabinete de la Nación.
Nota Publicada en Pagina 12, 4 de enero 2010
http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-137979-2010-01-04.html

un nuevo desafio

Un nuevo desafío
Después de lograr que la empresa nos reintegrara casi la totalidad de lo que nos había quitado y que esa suma dejara de ser no remunerativa y pasase a ser parte de nuestro jornal (en pesos, no en tickets), el desafío fue renegociar un par de adicionales de nuestro sueldo conformado que hacía varios años estaban congelados. Este desafío movió a más compañeros a involucrarse y se logró así una renovación importante en el cuerpo de delegados.

Simultáneamente comenzamos a combatir el fraude laboral que siempre fue parte de la política de la empresa. Cuando hablamos de fraude laboral hablamos de contratos “eventuales abiertos, es decir sin fecha de finalización, lo que nos mantenía –violando la legislación laboral vigente- como personal contratado por una agencia durante más de cinco años, corridos en algunos casos y alternados en otros. Además la empresa había firmado un acta en …. Mediante la cual se comprometía a mantener una dotación efectiva mínima de …. Trabajadores. Por supuesto que nunca cumplió con el compromiso asumido; nuestra lucha apunto a hacer cumplir el acta.

De esta manera, en cada conflicto que llevábamos adelante, fuimos logrando la efectivizacion de grupos importantes de compañeros año tras año y conflicto tras conflicto, respetándose en todos los casos la antigüedad del periodo de contratación.

Para que tengan una idea del fraude implementado por el CEO de la compañía, Paolo Rocca, en el año 2001 éramos 120 trabajadores contratados fraudulentamente sobre un total de 254 en planta.

Ante la recuperación de las conquistas perdidas por parte de los trabajadores, la familia Rocca decidió poner en funciones en nuestra planta a un par de gerentes especializados en ”cortar cabezas”. Ellos mismos se ufanan de haber “dado de baja” a cien trabajadores de un plumazo en otra planta. Dar de baja significa para las empresas de los Rocca comprar las renuncias a un precio tentador. Esto significa que la problemática del grupo no pasa por lo económico ni por lo financiero.



El 23/03/2009 la empresa toma una medida drástica, prohibiéndole el ingreso a planta a 83 “trabajadores eventuales”. Nuestra respuesta fue inmediata: ocupamos la planta paralizando la producción, mientras un grupo de delegados fue a hacer la correspondiente denuncia a la Delegación Lanus del Ministerio de Trabajo y otro grupo junto a la representación gremial de la Seccional Avellaneda de la U.O.M. presentaron la denuncia de fraude laboral en el Ministerio de Trabajo de La Plata.

El conflicto se resolvió en el transcurso de la mañana y los compañeros pudieron ingresar a planta, con lo que se reinicio la producción.

Este capitulo termino con la efectivizacion de 40 compañeros, pero la empresa no quedo conforme y aprovecho la llamada “crisis mundial” para volver a romper sus compromisos. Es así que ahora le sobran según sus propias palabras, 120 personas, por lo cual quiere comenzar “dándole de baja” a los 43 trabajadores que siguen cobrando su jornal a través de una “agencia”.

Al día de hoy le compraron la renuncia a 18 personas, todas con una antigüedad de tres años en planta, pero habemos 102 en lista de espera y seguiremos presentando batalla donde debamos presentarla, siempre con nuestra consigna: “el sindicato somos TODOS y la Asamblea de fabrica es soberana”

Más detalles en la próxima entrega…

Trabajadores Metalurgicos desde el caño en libertad

Presentación




Somos un grupo de trabajadores metalúrgicos que nos ganamos el pan laburando en una fábrica de tubos de acero con costura propiedad de la familia Rocca, dueña también de Siderar y Techint Construcciones, llamada Tenaris SIAT V.A., pero para nosotros, simplemente SIAT.

Los Rocca se dedican a la siderurgia en nuestro país desde 1947, año en que fundan Siderca en la ciudad de Campana; la fundación fue en sociedad con Dálmine de Italia, también de su propiedad.

Desde que compraron SIAT en 1986, la política de la empresa fue la de incorporar tecnología y suprimir puestos de trabajo.

En los 90 incorporaron a sus prácticas el fraude laboral, en la figura de contrataciones eventuales, que no eran tales ya que para poder trabajar firmábamos contratos abiertos, es decir sin fecha de finalización, reservándose la empresa el “derecho” de poner la fecha de rescisión del mismo cuando ella estimara conveniente. De esta manera nos tenían cautivos durante cinco, siete o más años, trabajando como personal contratado.

Dice el saber popular que “tanto va el cántaro a la fuente que al final se rompe”. Y esto sucedió en SIAT en el 2003, cuando en forma espontánea los trabajadores de TODOS los sectores comenzamos a reunirnos a discutir la problemática que teníamos para buscarle una solución que nos resultara favorable.

Es así que nos vimos abocados –los 250 trabajadores efectivos y contratados- a la tarea de recuperar una parte considerable de nuestro jornal, que aunque fuera en tiquets, la empresa unilateralmente decidió no pagarnos más.

Nuestra resistencia duró como seis meses, hasta que logramos recuperar casi todo lo que nos habían quitado.

¿Cómo lo logramos? Con medidas por demás sencillas. Comenzamos por no trabajar horas extras; cuando la empresa acomodó sus horarios de producción de manera que las extras no le hicieron falta, entonces los compañeros que participaban en los grupos de “involucramiento” que la empresa había implementado (mejora continua, facilitadotes de seguridad, etc.) dejaron de participar; el hecho novedoso y que resultó fundamental fue la toma de decisiones siempre en Asamblea General de Fábrica.

Durante esta lucha, los compañeros contratados –que eran casi la mitad del total de trabajadores- se comprometieron en la lucha entendiendo que la unidad nos daba la fuerza, y soportaron sin amilanarse todo tipo de presiones de parte de la empresa.

Una vez logrado el objetivo, que era recuperar la totalidad de nuestro jornal, nos propusimos hacer algo para terminar con el fraude de las contrataciones, pero eso ya es otra historia…